James Strachey por ejemplo, plantea que la principal alteración de los pacientes neuróticos consiste en una modificación cualitativa del superyó de la que se derivan, en general, las otras alteraciones. En ese sentido, postula que “el resultado final de la terapia psicoanalítica es permitir que toda organización mental del paciente neurótico, detenida en un estadio infantil del desarrollo, continúe su progresión hacia la condición normal del adulto”. Para que lo anterior sea posible, Strachey plantea que gracias a la transferencia y al hecho de que el analista se convierte en el objeto de los impulsos del ello del paciente, este último, tiende a aceptar al analista como un sustituto de su propio superyó “un superyó auxiliar mas amable y que basa el consejo que le brinda al yo sobre consideraciones reales y contemporáneas, y eso sirve para diferenciarlo de la parte mayor del superyó original”.
Por su parte, Ida Macalpine discute el tema de la transferencia, y en ese sentido postula lo siguiente: si la transferencia es un mecanismo universal del cual todos somos capaces y que cada uno emplea en distintos momentos o en distintos grados, ¿Por qué ocurre invariablemente con tanta intensidad en el análisis? Como respuesta, la autora plantea que la técnica psicoanalítica crea un encuadre infantil, a la que el analizado, si es analizable, debe adaptarse a través de la regresión. “La transferencia analítica es inducida activamente en un paciente dispuesto, exponiéndolo a un encuadre infantil al cual tiene que adaptarse gradualmente por regresión”. Además, con el fin de explicar la necesidad de un regreso, Macalpine cita Freud: “La gente se enferma de neurosis cuando la posibilidad de satisfacer su libido le es denegada; se enferman en consecuencia de una frustración y sus síntomas son realmente sustitutos de la satisfacción que falta.”
Luego de leer estos textos me quedo con la idea de que el paciente es el que debería adaptarse a la técnica psicoanalítica, y no el terapeuta el que se adapte a la necesidad de cada paciente. Tal como plantea Macalpine “El paciente (…) tiene que arreglarse y solo puede hacerlo regresando”, así éste último además de tener que adaptarse a este encuadre infantil, debe confiar en que la resolución de sus conflictos infantiles es lo esencial para su cura, y por lo tanto debe estar dispuesto a regresar a ellos. De esta manera ¿Qué pasa con la cotidianeidad del paciente, con los problemas actuales que éste trae a la sesión? ¿Qué sucede con la técnica psicoanalítica si el paciente no está dispuesto a regresar a sus conflictos infantiles?
Por otro lado, pienso que los postulados citados parecieran estar enfocados a comprobar su propia teoría más que una preocupación por la realidad y subjetividad del paciente. Por ejemplo ¿Será posible que el paciente acepte al superyó del analista como superyó auxiliar? ¿No se estará atribuyendo el terapeuta un poder excesivo con ese planteamiento?
por Cecilia Moura
¿Es el terapeuta el que debe adaptarse al paciente y su problema o el paciente al terapeuta y su manera? Probablemente las dos. A mi parecer el terapeuta debe tratar de moldear su técnica y su teoría a los problemas traídos por los pacientes, de manera de poder atenderlos y no encerrarse en su pequeño rango de atención. Por lo menos tiene que tender más hacia la flexibilidad que hacia la solidez técnica. Pero tampoco se puede uno engañar con que el rango de posibilidades de atención puede ser infinito, el terapeuta hace lo que puede pero probablemente no pueda abarcarlo todo. Por otro lado, el paciente siempre se adapta al terapeuta, a como este le habla, como es, que técnicas utiliza, etc. Un mismo paciente, con dos terapeutas de distinta orientación, asumamos igual de buenos, ¿puede ser tratado con efectividad por los dos? Probablemente si, incluso podemos pensar que llegaría lejos en su terapia. ¿es una mejor que la otra? Eso queda para el paciente a decidir. Pero no se puede versar universalmente. Es como cuando escuchamos a alguien decir "ahhh, es que los psicólogos son malos". Uno pregunta el por que, y de respuesta llega "es que todas las experiencias que he tenido han sido pesimas". Y un posible pensamiento es... "¿y si le han tocado puros psicólogos malos?". Y puede ser, puede ser que ninguno se adaptara al paciente, supiera como enfrentar su problema. ¿Significa eso que son psicólogos malos o que sus teorías están podridas? ¿O estamos ante un paciente... imposible?
ResponderEliminarDe todas maneras en estos textos me parece que no está la idea de que el paciente tiene que adaptarse a la terapia que ellos ofrecen. Me parece que lo que estaría sería, según ellos, una lectura sagaz y verdadera de la psique humana, un descubrimiento respecto a como hacer terapia. Como tal, y si pensamos que todos los seres humanos somos humanos al fin, se entiende que no hay "otra terapia" posible. Esta es la buena y las otras no, y es así de simple. "Yo he visto los cambios" te podrían decir. ¿Y que dirías tú frente a esto?
El último comentario hecho por Cecilia, respecto al objetivo de los textos y la necesidad de los autores de de reafirmar el cuerpo teórico que los albergaba, creo que debe entenderse situando a los autores en el desarrollo histórico del psicoanálisis, en tanto teoría. Tanto los escritos de Strachey (1933) como de Macalpine (1950) son intentos de sistematizar, más bien desde un punto de vista teórico, ciertos conceptos fundamentales para el despliegue de una técnica específica llamada psicoanálisis. La particular de dicho conceptos radica en la incertidumbre y poca claridad con que eran utilizados por los psicoanalistas, donde el concepto de transferencia fue el emblema de las divergencias de opiniones teóricas, que influían en la técnica.
ResponderEliminarRecordemos lo que decía Padre-Freud (1910) en relación al análisis silvestre: éste hace referencia a aquella forma de aplicar la técnica psicoanalítica sin tener conocimientos (teóricos) profundos sobre la misma, lo que tiene efectos negativos para los pacientes, el “médico silvestre” y para el desarrollo del psicoanálisis como una nueva práctica psicoterapéutica. Tengo la sensación que la rigidez de las afirmaciones clínicas de estos autores tiene relación con un reafirmar al psicoanálisis teóricamente, para así lograr delimitar aquello que es la técnica psicoanalítica. La utilización de dicha técnica por diversas corrientes en psicoanálisis, a mi parecer, puede llegar a perderse en los postulados que le dieron vida, conformando un muro de conceptos en el espacio terapéutico, que impide ver realmente al paciente. En ese sentido, el conflicto no se encontraría en si el paciente debe adecuarse a la técnica, o viceversa, sino en si el paciente debe adecuarse a conceptos y teorías.
Me tomo de una idea de Martin…el paciente imposible.
ResponderEliminarEn varios ramos nos han señalado las condiciones para un paciente analítico: su introducción al inconsciente, el SSS, etc. Sin embargo, me pregunto por aquellos que tienen una historia, pasada y presente, en que la búsqueda de un sujeto, me parece que no es lo esencial (aunque realmente no sé ¿?). En estrategias decían “apertura del paciente al proceso”, y me hace sentido, pero ¿qué hacer cuando el apremio de la vida supone ese proceso como algo que está demás? ¿está realmente demás? ¿importa acaso el estatuto de paciente?
Me lo pregunto principalmente por las afirmaciones teóricas que exponían los autores de los textos. En esos casos ¿importa la regresión a estados infantiles, o la adaptación del encuadre por regresión?. Una transferencia que posiblemente se instale, ¿servirá más allá de un tema vincular, si es positiva? ¿Qué hacer con la teoría frente a un paciente imposible? O sólo se trabaja desde una postura ortopédica, ¿es ortopédica?.
Propongo esta idea, justamente por la pregunta ¿es el paciente o el analista quien se debe adaptar?, si bien la teoría es fundamental para pensar al paciente, realmente pongo en cuestión qué hacer en caso de un paciente imposible.
Considero que el problema es más amplio aún, o al menos para mi. ¿Qué hacer con los pacientes? mi pregunta es con los pcs en general y no solo con los imposibles, porque las consecuencias de pensar que el paciente se adapta al analista o viceversa son muy distintas, creo. Difiero con Cecilia respecto a que en los textos se deja entrever la necesidad de que el paciente sea quien tiene que adaptarese al método, kleiniano en este caso, o me parece que no está tan explícito como en otros autores.
ResponderEliminarColoma nos dice que es la lectura la psicoanalítica, no la intervención; y aunque parece hacer bastante sentido entre nosotros, me cuesta imaginar que en lo concreto no hayan mayores directrices. El dilema entre teoría y práctica, aunque es tan antiguo como el surgimiento mismo del psicoanálisis, se reedita una y otra vez en las mentes de los principiantes, o sea nosotros, porque si bien la 1ra es una herramienta que nos permite pensar y comprender al paciente, puede volverse tambien un obstáculo en la tarea de escuchar realmente al otro; finalmente será la sra María o don Juan los que estarán frente a nosotros, y no una histérica o un obsesivo, y creo que sobretodo al comienzo es muy fácil perderse en las categorías.
Volviendo a los textos me pregunto ¿Les servirá a todos el escenario propuesto por Macalpine? ¿Podrán todos recibir -y sobrevivir- al comunicado de una interpretación kleiniana? ¿Será que en realidad si hay pacientes para tal o cual corriente y otros no?
Hace algún tiempo, mientras el curso avanza, siento que me he quedado estancado en un lugar, en un nudo con respecto al encuentro entre lo teorico y la practica. ¿Cuál es la posición subjetiva que se debe tomar, al elegir cierto modo de hacer terapia? En nuestro tiempo existen varios criterios con respecto a esta elección que han ido cambiando del momento en que se “gestó” el psicoanálisis. Por ejemplo, los criterios ya no son con respecto a la Verdad, o no son criterios validados solamente por un discurso científico.
ResponderEliminarPor otra parte, Coloma dijo en una clase (hace unas dos semanas) el hecho de que no se debía elegir la orientación terapéutica sólo por “lo que funciona”. Es decir, ya hemos descartado la posición ideológica (“mi teoría es la mejor, es la más cierta, es la que mejor describe el fenómeno psíquico”, etc.) y supuestamente, también debiésemos abandonar la posición pragmática-funcional (“mi teoría es la mejor porque funciona, si una intervención no me resulta, hago otra cosa, etc.” )
Otra opción está dada entonces por los pacientes, que los pacientes elijan la que más les guste, la que más les sirva. Que es en definitiva, algo como dejar que ante la oferta de terapias distintas, los clientes sean libres de elegir, suponiendo que los pacientes tienen una sofisticación en su demanda (que sepan que les gusta de un terapeuta, que no les gusta, etc) que permita que este proceso se genere realmente.
¿Qué nos queda, en este punto? Es decir, me queda la impresión de que nos convencimos (o me convencí, con más fe que con pensar) de que la clínica es un misterio, es una artesanía, y de ahí en más nos cuesta agregar algo que redondee esta idea. Y en definitiva, estamos tan presos de un modo de pensar, de una formación epistemológica, que no somos capaces de posicionarnos en otros lugares para hacer nuestras preguntas, ¿Esto es verdad, o no lo es? ¿Sirve o no sirve? ¿Qué opción es mejor que otra? Y me parece que hay una posición en la cual debemos desafectarnos de esta presunción, y en definitiva, esa posición está dada en el momento de aprender y de generar conocimientos. Basta el hecho de pensar la cifra que entregaba Pancho en la ayudantía, existe un porcentaje no menor de pacientes que se curan sin saber por qué. Aquí aparece el tema de la cura, ante la cual podríamos preguntarnos: ¿es la cura, propuesta teóricamente desde la postura teórica que sea, similar, análoga, o cercana, a lo que un paciente percibe como su propia cura?
Quizá la elección de una postura teórica, no se aleje demasiado del deseo del analista (y en nuestro caso a nuestro deseo como estudiantes), y la pregunta en este punto es, entonces cómo generamos conocimientos sin que sea un dialogo de sordos entre distintas posiciones. De algún modo, la repulsión por lo kleiniano, me confirma este hecho.
Yo creo que eso de adaptarse al paciente esta muy complicado. Bien tratar, pero ¿hasta qué punto se puede hacer?, ¿será que hay personas a las que simplemente no les acomoda un tipo de terapia, o más bien el objetivo de alguna terapia?
ResponderEliminar¿Por qué no puede ser que tengamos limitaciones también y que no necesariamente tengamos que saber tratar a todo tipo de pacientes? O incluso, cuál es el problema con que se crea más en una técnica que en otra y se intente que el paciente también se acomode… Esto de ser camaleónico con el paciente no sé tampoco si es lograble del todo, algo me suena raro ahí.
Yo creo que esto toca el fin del psicólogo, el porqué se ejerce en cada caso. No sé si esto pueda ser generalizable, y en verdad tampoco sé si debiera serlo.
Opino que es una gran selva en la que hay poco acuerdo y poco entendimiento... opino que para la cantidad de psicólogos que hay, para la cantidad de teorías que hay, para la cantidad de rumores de pasillo sobre los terapeutas y sus teorías que hay, no queda más remedio que hacer lo que se pueda como paciente y como terapeuta. Todos los acercamientos teóricos a un tipo de hacer terapia van a tener sus pifias y sus éxitos, hasta las más chantas y las más dementes. Entonces, si el paciente se adapta el terapeuta o al revés, es un punto de partida. El punto está en que cada paciente va a discernir, de alguna manera u otra si seguir en la terapia o no. Puede ser visto tan trivial como decidir si cambio el canal de la tele o no. Si hay algo que le parece al paciente extraño por alguna razón en particular, o bien, siente la convicción de que no debe seguir yendo a la consulta de su psicólogo nunca más, éste debe tener la certeza de que eso es por algo. Eso explicaría en otra palabras que el paciente no se adaptó a ese psicólogo, quizás ni siquiera a la teoría del terapeuta, si no a él mismo. Entonces, como decía al comienzo, de tanta cosa que hay, volvamos a lo trivial por un momento. Con este me quedo, con este no me quedo.
ResponderEliminarConcebir el problema des paciente desde una falencia superyoica me parece arriesgado. Si nos fijamos en lo que plantea …- respecto de que el paciente debe hacer uso de un superyo auxiliar que proviene del terapeuta - claramente podemos observar que la concepción del analista como un poseedor de cierto elemento al que el analizado requiere acceder (superyo auxiliar) comienza a tomar una forma similar a la concepción del analista como deposito de saber.
ResponderEliminarEn este sentido, no siento empatía con dicho modo de conceptualizar tanto la problemática del sujeto como su posible vía de resolución. Creo que es mucho más sensato apegarse a lo que se ha definido como “ignorancia docta”. En este sentido, si nuestro objetivo es vislumbrar aquel material inconciente que es del sujeto y sobre el cual este mismo debe actualizar un saber, es nuestra responsabilidad despejar de preconcepciones, prejuicios, etc; la ruta hacia del discurso del sujeto.
Correción.
ResponderEliminarEl segundo parrafo debe decir:
"Si nos fijamos en lo que plantea James Strachey"