Ayudantía Francisco

miércoles, 28 de abril de 2010

Si somos suficientemente pacientes…








Me parece que vale la pena reflexionar, aunque sea brevemente, sobre esta frase de Ferenczi, pues creo que nos abre a la posibilidad de pensar el ser terapeuta desde distintas perspectivas. Por un lado, y siguiendo el sentido que el autor buscaba darle, la frase refiere a la necesidad de que el analista tenga paciencia con el paciente, es decir, que sepa esperarlo… puede resultar interesante preguntarse ¿esperar qué? Ciertamente es una pregunta que cada uno deberá responder a su debido tiempo.

Por otra parte, y esta es a mi gusto la idea más tentadora de ser pensada, esta frase puede leerse de la siguiente manera: el ser terapeuta también implica ser paciente. Ya nos advierte Freud, en la prehistoria psicoanalítica, sobre la necesidad del análisis didáctico en la formación clínica, el que tiene como fin la revelación y resolución de los conflictos inconscientes del futuro terapeuta, de modo que éstos no actúen como impedimentos en el trabajo analítico posterior con sus propios pacientes; en las palabras del Padre: "No puede pedirse, es evidente, que el futuro analista sea un hombre perfecto antes de empeñarse en el análisis, esto es, que sólo abracen esa profesión personas de tan alto y tan raro acabamiento. Entonces, ¿dónde y cómo adquiriría el pobre diablo aquella aptitud ideal que le hace falta en su profesión? La respuesta rezará: en el análisis propio, con el que comienza su preparación para su actividad futura” (Freud, 1937). Da la idea que el futuro terapeuta debe “limpiar” de sí mismo toda evidencia de neurosis para poder enfrentarse a un paciente.

Más allá de lo que el análisis didáctico pueda implicar, creo que es interesante ir un paso más allá y pensar la idea de ser un paciente con el paciente, mejor dicho, aceptarnos también como pacientes ante el paciente. Tras la lectura de los textos, y el bombardeo de reglas y consejos a seguir para llegar a ser un buen terapeuta que vino con dicha lectura, me da la sensación que el proceso de formación terapéutica implicaría, según los autores, el atenerse rígidamente a la consigna de “seamos elásticos, seamos flexibles, estemos abiertos al presente, dejemos nuestros prejuicios”. Especialmente en Bion, estaría presente este deber ser del analista; sin querer desmerecer sus contribuciones, el “doctor” como es llamado, intenta trasmitir un ideal de terapeuta difícilmente alcanzable, un ideal de terapeuta que se encuentra, como un equilibrista de circo, caminando por la delgada cuerda que se traza entre ser un analista con “superpoderes” (capaz de suprimir la propia memoria) y un ser humano normal.

Esta idea de aceptar que el terapeuta también es un paciente no hace referencia a la presencia de dos pacientes, como tal, en la instancia terapéutica, sino que tiene más relación con el aceptar que los propios sufrimientos y dolores con los que se carga son también las herramientas de las que se dispone para trabajar, son el marco de referencia a partir del cual se desarrolla la contratransferencia, y desde una perspectiva sumamente humana, es desde donde se puede empatizar con el paciente. Sería a partir de este ser paciente desde donde se puede comprender humanamente al otro, comprender su malestar su angustia, sus frustraciones, y su dolor.

Por Magdalena Vergara

martes, 20 de abril de 2010

Risa, fe, horror, metáfora

Como escuela estamos acostumbrados a reírnos/horrorizarnos de los “Kleinianos”. No podría ser de otra manera siendo que

A) En la EPUC hay una tendencia a admirar al psicoanálisis brutalmente por sobre cualquier otra teoría. Se la tiende a ver como la única terapia “seria”.

B) Que las otras teorías no se pasan clínicamente de manera formal (los profesores de teoría sistémica y humanista son los mismos, la mayoría no son clínicos y tanto teoría humanista como teoría sistémica se quedan en lo teórico y no discuten la clínica, por teórica que pueda ser. En cuanto a cognitiva, siendo que tiene dos ramos, ninguno está ni remotamente interesado en la psicoterapia sino solo en el saber acerca de “la psicología humana”. Y por último conductual es impartido por profesores que no se dedican a hacer nada ni remotamente parecido.)

C) Que salvo una profesora, los tres profesores hombres de psicoanálisis son anti-“Kleinianos” o por lo menos ponen fuertemente en duda a los “Kleinianos”.

D) Llegada la hora de enfrentarnos con los, perdón, las profesoras “Kleinianas”, estas son puras señoras que parecen odiar el mundo y tienen una facilidad para confundir lo que ellas ven del mundo con lo que otros ven. En fin, creen en la objetividad de las cosas y no en la subjetividad. Este es, por supuesto, mi parecer.

Pero todo esto se presta para un malentendido. Es fácil pensar el mundo como dividido entre buenos y malos, endo y exogrupo – como se supone que sabemos desde psicología social. Creo que los “Kleinianos” se merecen algo de respeto, por lo menos, el beneficio de la duda. De partida el término “Kleinianos” es un término paraguas, que involucra una sensación segura de lo que es, pero en verdad poco sabemos de ellos. Hemos leído a Klein. Ella es “Kleiniana”, por cierto. Y ella suena descabellada a veces, pero ¿no era una gran clínica? ¿Por que produjo tal seguimiento? No debemos olvidar que la asociación psicoanalítica durante muchas décadas fue predominantemente “Kleiniana”. ¿Es meramente un tema político? ¿O hay algo de efectividad terapeútica, solo que expresado de una manera que a muchos, y me incluyo, nos suenan de otro planeta?

Llendo más allá con el término, muchas veces cuando se exhorta a los “Kleinianos” se habla de otros, de otros que muchas veces son más papistas que el papa. ¿Quienes son? Los que nos han contado que son y los que hemos leído que son. Como por ejemplo Meltzer. Leer a “El Proceso Psicoanalítico” (1967) de Meltzer me parece un acto de coraje. Entre los “penes voladores” y los “pechos-inodoro” uno se queda estupefacto. ¿Será posible que alguien pueda realmente creer que esto es lo que le pasa a un paciente? ¿Qué conceptualizar así las cosas puede ayudar en algo?

Escuché una vez a un psicoanalista, que alguna vez fue del movimiento psicoanalítico clásico chileno (o sea, “Kleiniano”), pero había rehuido de eso, decir que Meltzer, como Bion, tenía dos etapas: una estrictamente “Kleiniana” y otra liberal, abierta, interesante. Segundas etapas que les valdrían el alejamiento duro por parte de la IPA. Si esto es así, creo que “El Proceso Psicoanalítico” (1967) sería de la primera etapa y por otro lado “Interpretación rutinaria e interpretación inspirada” (1973) implicaría ya un viraje (antes, por supuesto de que lo echaran de la IPA a principios de los ochentas). Se ve en este último texto un Meltzer jugando con la idea de una interpretación menos ortodoxa, menos traducción y más interpretación, co-construcción con el paciente. Tiene vértigo sobre su teoría y práctica “Estos embates de duda y ansiedad (…)” (1973, p. 291) y todavía valora mucho a Klein: “Todavía conocemos relativamente poco acerca de este proceso, además de lo que Melanie Klein nos ofreció (…)” (1973, p. 289) – pero ya juega con nuevas ideas.

Quizás valdría la pena rescatar a estos personajes en sus momentos ex “Kleinianos”. Si lo de antes no funcionaba, algo deben haber aprendido.

De todas maneras, ¿no será bueno tomar quizás los textos más duros como el primero, también con buena fe? ¿No serán mejor tomar estas imágenes sexuales tan floridas de una manera más laxa, por ejemplo, como que son solo metáforas? ¿No vale la pena preguntarse por que el “Kleinismo” ultra-interpretador (que al final parecen no ser interpretación sino traducciones fijas del inconsciente al más puro estilo de diccionario de los sueños) causó tanto furor? O había demasiada gente sedienta de verdades absolutas o realmente funcionaba en algún nivel, ayudando a los pacientes. ¿Qué mantiene a Woody Allen en terapia?… ¿o es simplemente el hecho de ir a contarle tus problemas a alguien semana tras semana lo que produce una especie de sanación, como la transferencia y su nivel de sugestión?

Los “Kleinianos” al final son para mí un misterio. Como toda otra teoría enseñada en la EPUC la verdad. Hemos visto poco en acción. Pero existen como mito, como forzadores de la verdad, empujándola a patadas en la boca de sus pacientes. Y a veces lo mejor que podemos hacer es pensar que: Hacen. Y ayudan. Quizás. Pero no entienden lo que hacen... O lo explican de manera muy rara: Pechos y heces y ese tipo de cosas que francamente no entiendo.

Pero entonces vale la pena preguntarnos, en nuestro mini ecosistema EPUC (que estoy seguro es muy distinto a otros ecosistemas de escuelas/grupos de estudio/instituciones/etc. de psicología) ¿es que el “Kleinismo” pasó de moda? ¿O es que simplemente nunca funcionó mucho y fue superado cuando salieron teorías más efectivas? ¿Por qué sigue existiendo? Y por sobre todo ¿funcionó/a? Y si es así, ¿Cómo?

No voy a sugerir que hagamos un estudio de los “Kleinianos” si es que nos gustan. Quizás vale más la pena invertir tiempo estudiando a quienes nos interesen, nuestra buena fe nos dará mejores resultados. Pero de todas maneras me parece que hay que poner la duda sobre lo que entendemos como “Kleinianos”, sobre no generalizar el término y ver quienes son, que piensan, que hacen e hicieron y cual es su lugar y valor en la historia… o la actualidad.

Por Martín López

miércoles, 14 de abril de 2010

Kleinianos - Transferencia, Superyó, Regresión

Como todos pudimos notar en la lectura de los textos, nos encontramos frente a los postulados de Melanie Klein y sus seguidores, insertos en cierto periodo del psicoanálisis en el que al parecer, la física y la termodinámica aún ejercían influencias en el pensamiento psicoanalítico.

James Strachey por ejemplo, plantea que la principal alteración de los pacientes neuróticos consiste en una modificación cualitativa del superyó de la que se derivan, en general, las otras alteraciones. En ese sentido, postula que “el resultado final de la terapia psicoanalítica es permitir que toda organización mental del paciente neurótico, detenida en un estadio infantil del desarrollo, continúe su progresión hacia la condición normal del adulto”. Para que lo anterior sea posible, Strachey plantea que gracias a la transferencia y al hecho de que el analista se convierte en el objeto de los impulsos del ello del paciente, este último, tiende a aceptar al analista como un sustituto de su propio superyó “un superyó auxiliar mas amable y que basa el consejo que le brinda al yo sobre consideraciones reales y contemporáneas, y eso sirve para diferenciarlo de la parte mayor del superyó original”.

Por su parte, Ida Macalpine discute el tema de la transferencia, y en ese sentido postula lo siguiente: si la transferencia es un mecanismo universal del cual todos somos capaces y que cada uno emplea en distintos momentos o en distintos grados, ¿Por qué ocurre invariablemente con tanta intensidad en el análisis? Como respuesta, la autora plantea que la técnica psicoanalítica crea un encuadre infantil, a la que el analizado, si es analizable, debe adaptarse a través de la regresión. “La transferencia analítica es inducida activamente en un paciente dispuesto, exponiéndolo a un encuadre infantil al cual tiene que adaptarse gradualmente por regresión”. Además, con el fin de explicar la necesidad de un regreso, Macalpine cita Freud: “La gente se enferma de neurosis cuando la posibilidad de satisfacer su libido le es denegada; se enferman en consecuencia de una frustración y sus síntomas son realmente sustitutos de la satisfacción que falta.”

Luego de leer estos textos me quedo con la idea de que el paciente es el que debería adaptarse a la técnica psicoanalítica, y no el terapeuta el que se adapte a la necesidad de cada paciente. Tal como plantea Macalpine “El paciente (…) tiene que arreglarse y solo puede hacerlo regresando”, así éste último además de tener que adaptarse a este encuadre infantil, debe confiar en que la resolución de sus conflictos infantiles es lo esencial para su cura, y por lo tanto debe estar dispuesto a regresar a ellos. De esta manera ¿Qué pasa con la cotidianeidad del paciente, con los problemas actuales que éste trae a la sesión? ¿Qué sucede con la técnica psicoanalítica si el paciente no está dispuesto a regresar a sus conflictos infantiles?

Por otro lado, pienso que los postulados citados parecieran estar enfocados a comprobar su propia teoría más que una preocupación por la realidad y subjetividad del paciente. Por ejemplo ¿Será posible que el paciente acepte al superyó del analista como superyó auxiliar? ¿No se estará atribuyendo el terapeuta un poder excesivo con ese planteamiento?

por Cecilia Moura

martes, 6 de abril de 2010

Freud: Escritos Técnicos - Precisiones Prácticas



“El discurso del analista”

La transcripción de un caso, o incluso el sólo intentar recordar una sesión, es una parte del proceso terapéutico a la cual no se tiende a dar mucha importancia en la práctica clínica.

Existen muchas teorías respecto a qué debe hacerse para lograr recoger lo más cabalmente el discurso del paciente.

Freud menciona que es importante tener una atención parejamente flotante para poder prestar atención a los detalles que a veces uno encontraría irrelevantes pero que después pueden tener un papel importante, también habla de que es posible tomar o no tomar nota mientras se escucha el relato, pero dice al respecto de estas transcripciones “son fatigosas para el lector y no consiguen sistiuirle su presencia en el análisis” y más bien lo que se debe intentar es “ser como la luna del espejo, mostrar sólo aquello que le es reflejado” pero…¿es posible esto?

Si bien Freud intenta dar cuenta del problema de la escucha del paciente, no se toma suficiente énfasis en el hecho de que sin importar qué método se utilice para recordar un caso, esto siempre será, en último término una reelaboración del analista sobre el discurso del paciente, y en este sentido ¿en qué medida es el paciente el que se muestra ahí? O, ¿qué consecuencias puede traer esto? Cuando se intente revisar el caso, analizarlo y sacar conclusiones a partir de este, ¿será necesariamente el discurso del paciente el que se esté analizando?

por Claudia Mohor

miércoles, 24 de marzo de 2010

Freud: Escritos Técnicos - Transferencia


La idea de transferencia, tanto como dispositivo analítico (terapéutico) o como concepto teórico, nos da una oportunidad única de situarnos en una disyuntiva entre el otro o la técnica, entendiendo el primero como el siempre enigmático campo de la alteridad y el vínculo con otros seres humanos, y la segunda, como el ideal de toda práctica que pretenda dar cuentas sobre su efectividad y validez.

En este sentido, estos textos sobre técnica psicoanalítica, con su intención de entregar indicaciones a los iniciados en la aplicación metodólogica del novedoso descubrimiento freudiano, envían un fuerte mensaje sobre los supuestos que hay detrás de un edificio teórico con ansías de consolidarse y difundirse en los círculos médicos y psicológicos. En un pasaje de uno de estos textos, podemos acceder de un vistazo a la posición del fundador, ante el aspecto que resulta más delicado, aquél que podríamos pensar como el elemento crítico: el éxito terapéutico.

Cuando se refiere a los problemas que se observan respecto a la resistencia - esa única luz en la oscuridad de los misterios del inconciente - y su predominancia y aumento en la situación transferencial, declara: "A primera vista, parece una gigantesca desventaja metódica del psicoanálisis que en él, la transferencia, de ordinario la más poderosa palanca del éxito, se mude en el medio más potente de la resistencia (...) si se contempla más de cerca (...) no corresponde anotar en la cuenta del psicoanálisis aquellos caracteres de la transferencia, sino atribuírselos a la neurosis".

Sin duda, todo terapeuta debe pensar en algún fin; suerte de meta, objetivo, estado de éxito o fracaso. La idea de éxito, por otra parte, es también sin duda polémica, extraña a la ética de sentido común, que se asocia a la difusión del psicoanálisis y otras terapéuticas próximas a él. Justo en ese punto, la posición de Freud resulta muy difícil de comprender. El propio psicoanálisis - al fin, el terapeuta que en su nombre se posiciona y llama paciente a aquél que lo convoca - no se hará responsable de la transferencia - ¡ la relación misma ! - sino que debe atribuírselo a la "naturaleza" de la neurosis - ¡un concepto psicoanalítico!

¿Cómo comprender entonces a Freud en estos textos? ¿La transferencia es el máximo y único asidero de la cura, al modo de proponer la conversión de la psiconeurosis en una "neurosis de transferencia"? Sí así fuera, antes de indagar en transferencias negativas o positivas, en repeticiones o reelaboraciones, ¿a quién debemos cobrarle la cuenta?