Ayudantía Francisco

martes, 6 de abril de 2010

Freud: Escritos Técnicos - Precisiones Prácticas



“El discurso del analista”

La transcripción de un caso, o incluso el sólo intentar recordar una sesión, es una parte del proceso terapéutico a la cual no se tiende a dar mucha importancia en la práctica clínica.

Existen muchas teorías respecto a qué debe hacerse para lograr recoger lo más cabalmente el discurso del paciente.

Freud menciona que es importante tener una atención parejamente flotante para poder prestar atención a los detalles que a veces uno encontraría irrelevantes pero que después pueden tener un papel importante, también habla de que es posible tomar o no tomar nota mientras se escucha el relato, pero dice al respecto de estas transcripciones “son fatigosas para el lector y no consiguen sistiuirle su presencia en el análisis” y más bien lo que se debe intentar es “ser como la luna del espejo, mostrar sólo aquello que le es reflejado” pero…¿es posible esto?

Si bien Freud intenta dar cuenta del problema de la escucha del paciente, no se toma suficiente énfasis en el hecho de que sin importar qué método se utilice para recordar un caso, esto siempre será, en último término una reelaboración del analista sobre el discurso del paciente, y en este sentido ¿en qué medida es el paciente el que se muestra ahí? O, ¿qué consecuencias puede traer esto? Cuando se intente revisar el caso, analizarlo y sacar conclusiones a partir de este, ¿será necesariamente el discurso del paciente el que se esté analizando?

por Claudia Mohor

8 comentarios:

  1. Es importante este punto que comenta Mohor, puesto que es necesario tener algún tipo de referencia sobre el caso. Alguna referencia mental o física. Esta puede ser escrita, memorizada, grabada, o de cualquier forma para que quede "algo" impreso en "algo" y de esta forma, poder operar en un segundo tiempo por diversos fines. Sin embargo, cualquier revisión de caso en un tiempo dos no es ya una reelaboración, independientemente si fue escrita o memorizada? Si se escribe un texto a posteriori de la sesión, o bien durante la sesión, no se está transfigurando ya lo que dice el paciente?
    Es por esto que se apela a una escucha parejamente flotante para hacer emerger algo así como un diálogo entre inconscientes (aunque no sea realmente eso), y lo que se memoriza o se anota pueden ser los hilos que hay que seguir para que la certeza surja desde lo no visto. En este sentido, cualquier anotación o memorización va a ser un producto nuevo, distinto de lo que dice el paciente, pero va a estar concebido desde el analista y su escucha que van a evocar la misma estructura que tiene el discurso propio del analizado, con las cuñas puestas en dónde el paciente está más cargado psíquicamente.

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  2. Me parece interesante la idea de "discurso del analista" propuesta por Claudia ya que pone de manifiesto el riesgo ya conocido de todo analista, de imponer su propio deseo por sobre el deseo del paciente. En ese sentido, pienso que el verdadero riesgo de esta situación, no recae en el hecho de que el analista reelabore el discurso del paciente mediante notas o memorizaciones, sino que éste no sea capaz de advertir aquella realidad.
    Tal como dice Zalaquett, toda memorización o anotación por parte del analista, va a ser un producto nuevo, que se verá influido tanto por los propios deseos del analista, como por su orientación teórica y sus experiencias de vida. Estas influencias no deberían ser evaluadas en todos los casos como negativas, ya que a fin de cuentas, estas influencias son la herramienta de trabajo del analista. Sin embargo la responsabilidad del analista reside en hacerse cargo de lo que él mismo trae a la experiencia analítica.

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  3. Me parece que aislar el discurso del paciente de la interacción con el analista es complicado. Lo que se produce en la sesión es, para mi gusto, una intersubjetividad. Es cierto que a quien se trata de ayudar es al paciente, pero el terapeuta es quien lo hace y quien, por ejemplo, hace las intervenciones. No podemos pretender que no haya una influencia de él, más alla de si afecta o no sus escritos posteriores, sino que en general su visión. No hay dispositivo posible que anule al psicólogo, que lo haga neutro - incluso un computador programado para repetir lo que el paciente dijera sería poco neutro: de alguna manera interviene y esa manera implica elegir una cosa de otra.

    Todo esto me lleva a pensar que quizás después de cada terapia se producen pacientes distintos. O sea, si pensaramos en el ejemplo, meramente teórico, de un mismo paciente al cual llevamos con dos terapeutas distintos, pero de la misma orientación, igual de "buenos", y suponiendo un proceso excelente con liberación de síntomas, y hasta fin de análisis ¿produciriamos al final al mismo paciente?

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  4. Me resultó inevitable, al leer la reflexión de Claudia, evocar aquella distinción hecha por J.C (no Juan Carlos Zalaquett sino Jaime Coloma) entre la representación-cosa y la representación-palabra. El analista, al querer hacer consciente lo inconsciente, lo que consigue del paciente es una representación-palabra, que no es más que una transferencia desde una representación-cosa.

    Para Freud (1915) el contenido del inconsciente son representaciones cosa esencialmente; en ese sentido, el analista al interpretar los dichos del paciente, está interpretando el cambio de la estructura de la representación desde la cosa a la palabra, pero siempre en términos de re-presentaciones, donde lo presentado, aquello verdaderamente Real, siempre será un misterio, incluso para el lacaniano más versado en la lectura psicoanalítica del incosciente.

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  5. Creo que con esta reflexión hemos tocado un punto ya discutido en otra sesión (respecto a la transferencia) a saber, cuánto del propio analista hay en la producción analítica. Freud (1937) nos dice que "hemos de recordar que el trabajo analítico consta de dos porciones completamente distintas, que se llevan a cabo en dos localizaciones diferentes, que afecta a dos personas, a cada una de las cuales le es asignada una tarea distinta", y con esto resalta una idea mencionada ya en comentarios anteriores. La cuestión no es si parte de la subjetividad del analista se cuela finalmente en la producción analítica, considero que esto es un hecho, y lo relevante es cómo hacerse cargo de este hecho.
    En este punto recuerdo una idea expuesta por Miller (en el texto de esta semana compañeros de Fundamentos) respecto a cómo los pacientes pueden llevar "el sello" del analista, y aunque en este contexto no es algo que se busque, o que se aprecie, pues supone una identificación con el analista al final del análisis, evidencia cómo efectivamente el trabajo cambia desde un analista A a uno B.

    En este sentido sí hay una decisión, la de seguir tal o cual hilo del discurso, pero ésta no es asarosa y por tanto no debiera ser considerada (mayoritariamente) una elaboración del analista sino una ayuda para la construcción del propio paciente, pues es éste quién finalmente avalará o no las intervenciones y apreciaciones de quién las enuncia.

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  6. En relación a lo comentado por Martín, estoy totalmente de acuerdo en la existencia de una intersubjetividad en la experiencia analítica, sin embargo me parece que ésta afirmación ha conducido a posiciones terapéuticas que, a mi parecer, malinterpretan dicho sentido de la idea.

    Este cuestionamiento lo baso principalmente en la utilización del concepto de contratransferencia, el cual ha sido muchas veces malusado, imponiendo la subjetividad del analista en desmedro de una escucha y real comprensión del paciente. Me parece, de este modo, que es bastante sencillo situarse en una posición de Amo que deslegitime la posición y el derecho del paciente, interpretando y estableciendo diálogos que se suponen sustentados en la idea de intersubjetividad.
    Al respecto, ¿cómo lograr evadir esta situación, en la cual el discurso analítico se convierte en imposición? ¿Es posible establecer un límite entre la intersubjetividad permisible, y aquella que corrompe la alianza analítica que fomenta la cura?

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  7. Como ya se ha dicho, el riesgo de que el discurso del sujeto se diluya en nuestro intento por recordarlo y comprenderlo, es inevitable en la situación terapéutica. Sin embargo, creo que puede ser esperanzador hacer alusión a lo revisado la semana anterior, en relación al repetir, recordar y reelaborar.

    Si lo que nos interesa es poder sacar en limpio aquello que tenga que ver con el deseo inconciente del sujeto, tenemos al menos una garantía a nuestro favor: que lo central del discurso del sujeto no es recordado por este y que por lo tanto se evidencia en una acción que es repetida. A mi juicio, esta certeza contrarresta -en alguna medida- la dificultad ya señalada, en tanto el material de mayor riqueza para el trabajo de la cura, estará revelándose en lo repetido, aun cuando nuestros sesgos entren en acción. De esta forma, la repetición es capaz de iluminar aquello que por medio de lo inter subjetivo corre el riesgo de opacarse.

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  8. Me parece interesante lo que se ha ido discutiendo en los comentarios anteriores, sobretodo el tema, intrincado, de la intersubjetividad, y en qué punto esta herramienta puede ser bien utilizada para la terapia.
    Primero, me llama la atención la pretensión de no influencia del analista sobre lo que dice el paciente. Es decir, me parece un poco ingenuo, el pretender una suerte de no distorsión por parte del analista con respecto a lo escuchado, con respecto al discurso que recibe. Coloma generalmente hace referencia a este tema en sus clases, la imposibilidad de no influir, y asume que el genero del terapeuta, el cómo está decorada la consulta, y hasta el lugar donde se encuentra, influyen en el paciente.
    Si bien, creo que la preocupación sobre una comunicación genuina con el paciente, sabemos todos, que es relevante, no centraría mi atención en el punto en especifico de las transcripciones o del cómo recordar en particular lo que se dijo, en pos de un prevenir distorsiones, y en cierto modo, en un ejercicio de cuantificar, el separar “cuanto” es del paciente, y “cuanto” es del terapeuta. Es decir, por un tema de comunicación me parece que es inevitable el distinguir qué es de quién cuando uno está dialogando, y mucho más cuando uno lo reconstruye.
    Segundo, me parece importante también el asunto de “los pacientes distintos” que se producen después del análisis. También el profesor hacía referencia a este punto en las clases. Al decir que si de alguna manera el podría reflejar el cambio que tenían sus pacientes después del análisis, era el hecho de que eran capaces de decir “es lo que hay” (y lo comparaba con que su abuela lo decía hace como 60 años). Es decir, en este cambio que se generaría en el paciente, hay un cambio reflejado en el discurso del paciente en particular, lo cual nos podría hacer pensar que también la terapia tiene mucho de “pedagogía”, y que en definitiva se realizan actos que influyen y distorsionan lo que hacen y como se piensan los pacientes (los famosos “abrazos” de Winnicott, por ejemplo). Y que a veces, cuando caemos presos de las pretensiones sobre las no distorsiones, sobre lo diáfanas que deben ser nuestras observaciones, sobre la lucha en pos de la verdad para serles fieles al conocimiento científico; estamos cayendo y respondiendo a ciertos modelos epistemológicos en los cuales nos han formado, y en los cuales se sustentan los modelos educacionales actuales.

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