Ayudantía Francisco

miércoles, 24 de marzo de 2010

Freud: Escritos Técnicos - Transferencia


La idea de transferencia, tanto como dispositivo analítico (terapéutico) o como concepto teórico, nos da una oportunidad única de situarnos en una disyuntiva entre el otro o la técnica, entendiendo el primero como el siempre enigmático campo de la alteridad y el vínculo con otros seres humanos, y la segunda, como el ideal de toda práctica que pretenda dar cuentas sobre su efectividad y validez.

En este sentido, estos textos sobre técnica psicoanalítica, con su intención de entregar indicaciones a los iniciados en la aplicación metodólogica del novedoso descubrimiento freudiano, envían un fuerte mensaje sobre los supuestos que hay detrás de un edificio teórico con ansías de consolidarse y difundirse en los círculos médicos y psicológicos. En un pasaje de uno de estos textos, podemos acceder de un vistazo a la posición del fundador, ante el aspecto que resulta más delicado, aquél que podríamos pensar como el elemento crítico: el éxito terapéutico.

Cuando se refiere a los problemas que se observan respecto a la resistencia - esa única luz en la oscuridad de los misterios del inconciente - y su predominancia y aumento en la situación transferencial, declara: "A primera vista, parece una gigantesca desventaja metódica del psicoanálisis que en él, la transferencia, de ordinario la más poderosa palanca del éxito, se mude en el medio más potente de la resistencia (...) si se contempla más de cerca (...) no corresponde anotar en la cuenta del psicoanálisis aquellos caracteres de la transferencia, sino atribuírselos a la neurosis".

Sin duda, todo terapeuta debe pensar en algún fin; suerte de meta, objetivo, estado de éxito o fracaso. La idea de éxito, por otra parte, es también sin duda polémica, extraña a la ética de sentido común, que se asocia a la difusión del psicoanálisis y otras terapéuticas próximas a él. Justo en ese punto, la posición de Freud resulta muy difícil de comprender. El propio psicoanálisis - al fin, el terapeuta que en su nombre se posiciona y llama paciente a aquél que lo convoca - no se hará responsable de la transferencia - ¡ la relación misma ! - sino que debe atribuírselo a la "naturaleza" de la neurosis - ¡un concepto psicoanalítico!

¿Cómo comprender entonces a Freud en estos textos? ¿La transferencia es el máximo y único asidero de la cura, al modo de proponer la conversión de la psiconeurosis en una "neurosis de transferencia"? Sí así fuera, antes de indagar en transferencias negativas o positivas, en repeticiones o reelaboraciones, ¿a quién debemos cobrarle la cuenta?

8 comentarios:

  1. Ante la última pregunta planteada por Francisco, respecto al cobro de la cuenta, no intento salir en defensa de los psicoanalistas, pero sí manifestar que éstos poseen gran responsabilidad a la hora de trabajar de con los aspectos transferenciales desarrollados en el análisis. A mí entender la naturaleza de la trasferencia, tal como la expone Freud en sus escritos, sería paradójica ya que, por un lado, impide la consecución de resultados positivos en el tratamiento, y por otro, es el motor de la terapia.

    Centrándose en el segundo elemento de la paradoja, es el analista el que debe hacer que la trasferencia se convierta en móvil en vez de servir interminablemente a la resistencia. ¿Cómo hacerlo? La respuesta se encuentra en que la trasferencia brinda la oportunidad de confrontar “en tiempo real” las vivencias pasadas del paciente en su relación terapéutica con el psicoanalista. En tras palabras, esta herramienta siendo seriamente considerada por el analista permite la aparición en el campo terapéutico de vivencias, vínculos inconscientes y síntomas del paciente, y en última instancia permite la aparición del sujeto.

    Mane Vergara

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  2. La transferencia, como medio a disposición de la resistencia, representa una dificultad para la cura, al menos en un primer momento. Esto, sin duda resulta paradójico por el hecho de que el paciente “acceda” a trasladar una cuota de libido desde el inconciente hasta la persona del terapeuta pero, al mismo tiempo, fortalezca los muros que impiden la concientización de este proceso como posible ruta de acercamiento hacia conflictos reprimidos.

    En este sentido, creo que un modo de entender los planteamientos de Freud es tomando en cuenta que dicha dificultad paradójica no es producto de una falla del método, es decir, no es una contradicción que se genere por causa de un “tropiezo” o un “sin sentido” instalado en la práctica psicoanalítica. Es, más bien, una condición invariable que se hará presente toda vez que un sujeto - que haya desarrollado la capacidad de distanciarse de las vivencias dolorosas por medio de la represión - tenga la oportunidad de liberar la carga libidinal de lo reprimido, por medio de la repetición de dichos conflictos en la relación con un otro.

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  3. ¿Como nos relacionamos con nuestro inconsciente - o lo que freud llama así?
    Si seguimos su idea de esto, antes de pensar lo inconsciente como tal (piensen en su experiencia antes de leer a Freud), creo que en general lo incorporamos a nuestra vida como algo normal, lo naturalizamos. Freud lo redefine: El mete una serie de fenómenos sin aparente conexión (sueños, actos fallidos, transferencia, etc.) bajo el mismo manto de cosas sobre las que no tenemos control y les busca una razón de ser, un significado. Dado que esta razón de ser está arraigada en la práctica terapéutica, concebirla como que tiene un sentido abre la posibilidad de tener algo contra lo que batallar para lograr deshacerse del problema que en primera instancia trajo al consultante.

    No es que la transferencia sea realmente él único asidero de la cura, por lo menos no la única manera de ayudar a un consultante que quiere resolver su problema. Pero es la manera en que Freud lo ve. Si es que nos quedamos con los aspectos técnicos, y confiamos en Freud, podemos decir que no importa el nombre que le de al fenómeno, ni como lo conceptualice, sino su utilidad práctica. Todo lo demás está supeditado a producir un artefacto teórico que nos permita trabajar con el paciente y lograr nuestro cometido. No podemos engañarnos pensando que la transferencia existe en verdad, en fin, confundir la circunscripción de la experiencia que hace Freud con el concepto. Mapa con territorio. Ya parándose desde el punto de vista de, por ejemplo, la terapia sistémica/narrativa de Michael White y David Epston, lo que Freud llamaría transferencia es definido de manera bastante distinta, y sin embargo se habla sobre, se supone, el mismo fenómeno. Pero está definido y circunscrito teóricamente de otra manera. Lo importante es que es usado con éxito terapéutico por igual - o muy distintamente, dependiendo desde donde se lo mire.

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  4. “¿Cómo comprender a Freud en estos textos?” la pregunta de Francisco me parece fundamental para situar la transferencia desde un punto de vista clínico y conceptual. Si bien su formulación fue necesaria para explicar el suceso adverso de Breuer, la clínica con Dora y situaciones clínicas que antes no era posible entender, me parece que su conceptualización presenta aristas que no siempre son motivo de cuestión. Freud, quien nunca fue analizado [siendo esto su gran error], desarrolló un concepto de alteridad y repetición inconciente cuyos principios teóricos son ampliamente utilizados en clínica. Sin embargo, me parece necesario cuestionarnos la eticidad clínica de su concepto al momento de ser formulado. Digo eticidad clínica con una doble intención: Por un lado, ético y no práctico, porque no hay duda que clínicamente es necesario un supuesto así, por otro lado, enfatizo clínico, porque si pensamos en el deseo de Freud, supongo que la ética avalaría sus subjetividad.
    De este modo, atribuirle a la neurosis el carácter resistencial, protegiendo, así, al psicoanálisis, ¿no estaría motivado por su deseo de desarrollar una teoría ampliamente reconocida y con plena validez?, ¿no sería que el deseo de Freud, nunca analizado, se repitió en el desarrollo de su teoría? Un deseo que intentaba resguardar tanto a ésta como a su posición de analista, culpando a la neurosis de una resistencia que si se asumía “por cuenta del psicoanálisis” podía debilitar la técnica analítica. ¿Cómo comprender la transferencia, sin obviar la presencia deseante de Freud en cada postulado? ¿Cómo fundamentar la cura freudiana si sus bases teóricas pueden estar teñidas por su posición fantasmática?

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  5. Existen un par de reflexiones que me surgen en cuanto leo lo que se ha comentado, y leo el primer articulo, el de Francisco.
    Primero, está aquella última pregunta que Francisco deja suspendida para que podamos aproximarnos a pensar en lo que hemos leído. A quién cobrarle la cuenta, cuando en definitiva, el "Padre" del psicoanálisis cede por esquivar la dificultad terapéutica en la relación entre resistencia y transferencia, responsabilizando a los neuroticos, de operar del modo en que lo hacen, y de que ese modo entorpece la cura.
    Me atrevo a hacer dos comentarios con respecto a Freud.
    Primero, creo que por sobretodo en los escritos técnicos, suele estar hablando un "Freud fundador del psicoanálisis" que se inmiscuye y aparece, en el punto en donde el misterio de la tecnica da paso a temas eticos y de cómo funcionar en lo practico de la terapia. Son incontables la suerte de recomendaciones y consejos que deslinde Freud en estos textos (sobretodos son notables las recomendaciones con respecto a mantener las pasiones controladas!), de alguna manera, creo que el psiquiatra vienés está preocupado por el hecho de cómo se practica su psicoanalisis, y cómo ha de seguir haciendose.
    Segundo, creo que hay que salvaguardar a Freud con la perogrullada de que todos somos hijos de nuestro tiempo. Digo esto, porque no podemos pedir que considere que "los neuroticos" son una creación del mismo psicoanalisis, tal como hablamos en la ayudantia, es decir que sean un concepto dentro de cierto juego de lenguaje particular, sino que debemos concederle el hecho de que para él, el neurotico, haya sido un descubrimiento que el realizó (así como alguna vez se descubrió la hepatitis). Tan sólo pensemos en su bagaje médico, y por sobre todo, el hecho de que haya crecido en pleno auge del positivismo lógico, como corriente epistemologica dominante.

    Concuerdo con lo que han comentado mis compañeros. La noción paradojica, de la transferencia, su ambiguedad, aquel punto misterioso donde no sabemos con certeza si nos está acercando o alejando de la anhelada cura. También con el hecho particular de que, con absoluta certeza, no es el unico "asidero" de la cura (si es que está es asidua a algún lugar). Lo que más me llama la atención es el hecho de que la transferencia, puede ser leída como otro modo más de asumir, aunque algunos lo hagan con desgano, el hecho de que la cura terapeutica se produce entre dos personas, y entre el dialogo y las influencias que se generan ambas personas. La distinción mapa-territorio que hace Martín me parece precisa, pero agregaría el hecho de que el territorio de todo proceso terapeutico, independiente de la corriente teorica, en definitiva, es el encuentro con otra persona, y el dialogo que se genera en ese encuentro, en pos de generar un cambio. ¿Qué consideraciones trae que este sea el territorio terapeutico? Nos lleva de modo violento a asumir la clínica como un misterio, y a renunciar a los constructos teoricos para protegernos ante la incertidumbre del pensar. El paso de la tecnica a la tecnologia, diría Heidegger, la caída de las ideologías y la Verdad con mayuscula, dirían los teoricos criticos, y distintas formas de hacernos caer en la cuenta, de que en nuestro tiempo, lo que cuenta es ser capaces de reflexionar, y considerar a cada analizante en su particularidad, subjetividad y complejidad.

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  6. "no corresponde anotar en la cuenta del psicoanálisis aquellos caracteres de la transferencia, sino atribuírselos a la neurosis"

    Ante esta cita creo que es importante el cuestionarse más allá del propio psicoanálisis y la neurosis de cada paciente, aquellos casos, que no son pocos, en donde es el analista quien puede causar problemas en la transferencia, cabe así cuestionarse hasta qué punto se está sobre analizando una situación que puede corresponder a un poco profesionalismo por parte del analista (como no llegar a la hora, olvidar la sesión consecutivamente, etc), y enredarse analizando en cómo el paciente responde a estas “intervenciones”, abusando de una posición de “sujeto supuesto a saber”, sin previamente cuestionarse en qué medida es algo que podría corresponder al propio analista y que es necesario que haga algo al respecto.

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  7. Al repasar los textos y leer las diversas reflexiones me quedan ciertas ideas muy prendadas. En primer lugar, y como dijo Rubén, aunque es una perogrullada, considero que efectivamnte somos hijos de nuestro tiempo y en este sentido concedámosle a Freud cierta confusión en sus planteamientos. Hoy puede parecernos una obviedad el tema de la subjetividad en nuestra profesión, y considerar por ejemplo que al ser nosotros igual que nuestros objetos de estudio, se vuelve imprescindible incluir en el trabajo y elaboración las particularidad de nuestra persona (con todo lo que ello implica). Pero aunque esta idea -de terapeuta como individuo que pone su subjetividad en una relación subjetiva (valga la rebundancia)- no está en estos textos, podemos vislumbrar algunos de sus cimientos en las ideas aquí expuestas.

    Nuevamente cito a Rubén porque creo que la idea de "dos" es la clave. Freud señala que "el objeto psicoanalítico se edifica sobre la veracidad", y creo que se refiere a la veracidad de la relación que surge con tal o cual paciente, a la construcción que se da en esa instancia particular y que remite a los inicios del método; recordemos que el papel del otro está ya elevado en las postulaciones del método catártico, y en este sentido, si bien indica que hay que atribuirle las consecuencias de la transferencia a la neurosis, no creo que debamos considerarlo como un afán exitista de su parte, sino más bien como una de las tantas falencias fundacionales que la teoría que hoy nos convoca; porque además sería erróneo creer que ninguna de las preguntas que planteó Daniela se responden positivamente.

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  8. Teniendo en cuenta lo que dijeron M. Lo. y Larrain, en realidad la transferencia no existe, o más bien, lo que Freud creyó haber visto ahí, lo encapsuló operacionalizando preso de su deseo, en un concepto teórico creyendo que era susceptible de ser usado en la práctica. Es que en realidad nada existe sino desde la relación entre los humanos. Es en esta transmisión de "lo que sea", es en esta ilusión de comunicación en la que se constituyen los artificios humanos. Y así nos vamos. Ni el psicoanálisis existe sin una relación, sin un campo abierto listo para ser delimitado. Entonces la transferencia viene acá a recordarnos esa ambigüedad, ese particular caos, entendiéndola como motor y resistencia, dos atributos contrapuestos. Porque es justo ahí desde donde opera, en la relación con el otro, que remite al lenguaje y a los significantes que se nos escapan en otros significantes... y como hemos visto, si no nos ponemos de acuerdo, las palabras nos juegan en contra. Nos hacen creer que está pasando algo acá, que nos comunicamos pero en realidad no hay límite alguno y nos dejamos perder en el laberinto que el mismo humano creó y se atrapó. Y yo que cree esto ahora no sé que estoy hablando ni porque lo escribí, salvo por la transferencia entre ayudante y nosotros que estamos atrapados a escribir esto... pero si no lo sé yo menos lo saben uds, aunque obvio que se van hacer una imagen de esto y vamos a creer que nos comunicamos. que controlamos las cosas las clases las ayudantias los deberes el computaodr las ltrreas del teclado perdo ndood cotnroamos nadanasdnssidjainjd jesh cje vdhsb fvhjsdfb vhdfkjc kjdfgb jkfdn kdjfnb kdfjnb dkfj

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